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miércoles, 18 de diciembre de 2024

Un juramento de humildad

 

Se cumplieron 50 años del otorgamiento de un Premio Nobel de Economía controvesial: el que recibieron conjuntamente F.A. Hayek (1899-1994) y Gunnar Myrdal (1898-1987) "por sus trabajos pioneros en la teoría del dinero y las fluctiaciones económicas, y por sus penetrantes análisis de las interdependencia de fenomenos económicos, sociales e institucionales".

Aunque como economistas Hayek y Myrdal se interesaron por temas similares, sus ideas y opiniones eran contrarias. El austriaco era un defensor del libre mercado y crítico del excesivo intervencionismo gubernamental; el sueco era un comprometido militante socialdemócrata que influyó en implantar el Estado de bienestar en su país. Otorgar este premio podría verse como uno favorable al pluralismo científico e ideológico, pero, ciertamente, muchos no vacilaron en cuestionar la naturaleza cientifica de la economía. Un chiste popular entre economistas es que la economía es la única ciencia en la que dos personas pueden recibir el Premio Nobel por afirmar exactamente lo contrario.  

Hayek y Myrdal tenían dudas sobre que la existencia del Premio Nobel en Economía fuera apropiada. En su discurso del banquete del Premio Nobel, que reproduzco abajo, Hayek dijo que si le hubieran consultado sobre la creación del premio, él hubiera aconsejado en contra. Dos años después, cuando Milton Friedman (1912-2006) recibió el Nobel, Myrdal se manifestó por abolirlo por considerar que la economía era una ciencia "suave", cargada de valores sociales y políticos, diferente a ciencias "duras", como la física y la química, en las que no importan las opiniones políticas de los ganadores; Myrdual incluso afirmó que debió declinar el premio, pero el anunció lo agarró muy temprano en la mañana con la guardia baja. 

Como sea, aquel diciembre de 1974 Hayek y Myrdal estuvieron en Oslo, la capital de Noruega, para la premiación. Hayek tuvo la oportunidad de pronunciar un breve discurso en el banquete que a continuación reproduzco:  

Your Majesty, Your Royal Highnesses, Ladies and Gentlemen,

Now that the Nobel Memorial Prize for economic science has been created, one can only be profoundly grateful for having been selected as one of its joint recipients, and the economists certainly have every reason for being grateful to the Swedish Riksbank for regarding their subject as worthy of this high honour.

Yet I must confess that if I had been consulted whether to establish a Nobel Prize in economics, I should have decidedly advised against it.

One reason was that I feared that such a prize, as I believe is true of the activities of some of the great scientific foundations, would tend to accentuate the swings of scientific fashion.

This apprehension the selection committee has brilliantly refuted by awarding the prize to one whose views are as unfashionable as mine are.

I do not yet feel equally reassured concerning my second cause of apprehension.

It is that the Nobel Prize confers on an individual an authority which in economics no man ought to possess.

This does not matter in the natural sciences. Here the influence exercised by an individual is chiefly an influence on his fellow experts; and they will soon cut him down to size if he exceeds his competence.

But the influence of the economist that mainly matters is an influence over laymen: politicians, journalists, civil servants and the public generally.

There is no reason why a man who has made a distinctive contribution to economic science should be omnicompetent on all problems of society – as the press tends to treat him till in the end he may himself be persuaded to believe.

One is even made to feel it a public duty to pronounce on problems to which one may not have devoted special attention.

I am not sure that it is desirable to strengthen the influence of a few individual economists by such a ceremonial and eye-catching recognition of achievements, perhaps of the distant past.

I am therefore almost inclined to suggest that you require from your laureates an oath of humility, a sort of hippocratic oath, never to exceed in public pronouncements the limits of their competence.

Or you ought at least, on conferring the prize, remind the recipient of the sage counsel of one of the great men in our subject, Alfred Marshall, who wrote:

“Students of social science, must fear popular approval: Evil is with them when all men speak well of them”.

Ante la peligrosa autoridad moral que un Premio Nobel podía otorgar en una disciplina como la economía, Hayek sugirió que los ganadores hicieran un juramento de humildad, similar a un juramento hipocrático, de que nunca sus pronunicamientos públicos escederían los límites de su competencia. Desconozco si Hayek pronunció este discurso por iniciativa propia o lo consultó con Myrdal, pero es consistente con los trabajos de Hayek sobre los límites del conocimiento y que los economistas deberían evitar la arrogancia a la hora de estudiar el sistema económico. 

El llamado es sensato pero tengo reservas. No creo que recibir un premio sea una razón para limitar las opiniones de una persona, aunque al emitirlas se salga de su campo de conocimiento. Como sociedad nos podríamos perder de ideas valiosas por más polémicas o incómodas que sean para algunos. Siempre es posible que otra persona de gran autoridad, quizá ganadora del Premio Nobel en Economía o experta en el tema en cuestión, pueda confrontar esas ideas. Y así tenemos un debate. 

domingo, 17 de septiembre de 2023

La inflación como fenómeno

La idea de que la inflación es mayor cuando aumenta la oferta de dinero es una de las primeras observaciones empíricas en economía. Nicolás Copérnico (1473-1543) sería uno de los primeros en señalarla y le siguieron Martín de Azpilcueta (1492-1586) y Tomás de Mercado (ca. 1523-1575), integrantes de la Escuela de Salamanca, así como Juan Bodino (1530-1596), John Locke (1632-1704), David Hume (1711-1776), entre otros. Estos pensadores estuvieron preocupados por el efecto que tendría en Europa la llegada masiva de metales preciosos provenientes de las colonias americanas de España.

Ya en el Siglo XX, Irving Fisher (1867-1947), probablemente el primer economista que fue una celebridad, formalizó esta noción en la teoría cuantitativa del dinero a traves de su ecuación de intercambio [i.e. MV = SpQ o, en su versión transacciones (T) para incluir depósitos bancarios, MV + M'V' = SpQ = PT]. En 1956, Milton Friedman (1912-2006) publicaría su artículo "The Quantity Theory of Money: A Restatement", señalando que si la demanda de dinero es estable, entonces la oferta de dinero determina el nivel de precios.

En las décadas de 1940 y 1950, la inflación en varios países de América Latina y otras regiones se había acelerado. Desde 1955, a fin de tener acceso a los recursos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y lograr estabilidad de precios y crecimiento, algunos gobiernos latinoamericanos instrumentaron políticas de estabilización consistentes en reducir el gasto público, restringir el dinero y el crédito, devaluar la moneda y liberalizar la economía. En este contexto surgió el "debate monetarismo-estructuralismo" en América Latina, en el que el monetarismo se manifestó en el paquete de políticas del FMI y el estructuralismo se había desarrollado en la Comisión Económica para América Latina (Cepal).

En 1956, en la conferencia El desarrollo económico y la inflación en México y otros países latinoamericanos (aquí pdf), Juan F. Noyola (1922-1962) señaló:

La inflación no es un fenómeno monetario. Es el resultado de desequilibrios de carácter real que se manifiestan en forma de aumentos del nivel general de precios. Este carácter real del proceso inflacionario es mucho más perceptible en los países subdesarrollados que en los países industriales.

No basta sin embargo decir que la inflación es un fenómeno no resultante de desequilibrios reales en el sistema económico. Para comprender ese fenómeno es preciso disponer de una teoría o de una serie de categorías o herramientas teóricas. Pero el análisis de la inflación no puede quedarse en la aplicación mecánica, de esas categorías, y sobre todo cuando se trata de las que provienen de esquemas teóricos muy simplificados como el keynesiano o el sueco que explica la inflación en términos de sobreinversión o de un exceso de demanda sobre la oferta disponible ex-ante.

Hay sin duda otros enfoques más refinados que arrojan mucha luz sobre la verdadera naturaleza de la inflación; entre éstos cabe citar, como todos ustedes conocen, el análisis de Kalecki, que destaca la importancia de la rigidez de la oferta y del girado del monopolio en el sistema económico, y sobre todo planteamientos como el de Henri Aujac, que examina el comportamiento de las diversas clases sociales y su capacidad de regateo. Este último enfoque revela, con meridiana claridad, que la inflación no es sino un aspecto particular del fenómeno mucho más general de la lucha de clases.

Pero ni siquiera estos planteamientos nos pueden llevar muy lejos en la comprensión de los fenómenos inflacionarios en la América Latina, si no se introducen en el análisis una serie de elementos derivados de la observación de la estructura y del funcionamiento de la economía de nuestros países. Al introducir tales elementos, se llega a la conclusión inevitable de que la inflación es en cada país latinoamericano un problema específico y distinto, aun cuando puedan encontrarse una serie de rasgos comunes entre todos ellos. ¿Cuáles  son  los  elementos  que  deben  introducirse  en  el  análisis? En rigor, todos los que sean capaces de dar origen a desequilibrios en el sistema económico. Entre ellos existen elementos de carácter estructural, como la distribución de la población por ocupaciones y las  diferencias  de  productividad  entre  los  diversos  sectores  de  la economía. 

Existen  también  elementos  de  carácter  dinámico,  tales  como  las diferencias   del   ritmo   de   crecimiento   entre   la   economía   y   su conjunto  y  algunos   sectores  específicos:   las  exportaciones,   la producción agrícola, etcétera. 

Existen,  por  último,  elementos  de  carácter  institucional  sea  en  la organización  productiva  del  sector  privado,  grado  de  monopolio, métodos de fijación de los precios, grado de organización sindical; sea en la organización y el funcionamiento del Estado y en el grado y orientación de su intervención en la vida económica.

Para Noyola, funcionario de la Cepal y uno de los fundadores de la teoría estructuralista de la inflación, entre los desequilibrios reales causantes de inflación se encuentran rigideces de oferta, poder monopólico, lucha de clases (empresarios versus trabajadores), distribución de la población por ocupaciones, diferencias  de  productividad  entre  sectores económicos, diferencias de creciminto entre sectores y otros factores institucionales de la economía de un país. Para Noyola, la inflación en cada país de América Latina era un problema específico y distinto.

En 1963, Milton Friedman en su conferencia Inflation: Causes and Consequences. First Lecture (pdf) presentaría su famosa frase de que "la inflación es siempre y en todo lugar un fenomeno monetario". Friedman, quien era el principal referente intelectual del monetarismo y acababa de alcanzar el estatus de celebridad que alguna vez tuvo Irving Fisher, prácticamente inició su conferencia con una definición de inflación:

By inflation, I shall mean a steady and sustained rise in prices. In this lecture, I shall deal primarily with open inflation, which is to say, an inflationary process in which prices are permitted to rise without being suppressed by Government price controls or similar techniques. […]

Esta definición de inflación de Friedman no contradice la noción de Noyola de "aumentos del nivel general de precios". Después de comparar experiencias inflacionarias en la India en la década de 1950 y de Estados Unidos durante la Guerra Civil, entre otros casos, concluyó su conferencia:

I have covered quite a lot of ground in this talk. The main points can, however, be summarised in a few brief propositions:

(1) Inflation is always and everywhere a monetary phenomenon.

(2) Inflation is not inevitable in the course of development.

(3) Inflation is not likely under current conditions to promote development, unless it accelerates, in which case it can be only a temporary panacea.

(4) As a tax on cash balances, inflation may be less bad than some other alternatives on some occasions, but it has very undesirable side effects.

Para Friedman, las fuentes de la expansión monetaria pueden ser muy diferentes en cada caso, pero imprimir dinero siempre provocará inflación sin importar las circunstancias, niveles de desarrollo y diseños institucionales. Pocos años después, en 1970, Friedman insistiría y elaboraría esta idea en su conferencia The Counter-Revolution in Monetary Theory (pdf):

7. In the short run, which may be as much as five or ten years, monetary changes affect primarily output. Over decades, on the other hand, the rate of monetary growth affects primarily prices. What happens to output depends on real factors: the enterprise, ingenuity and industry of the people; the extent of thrift; the structure of industry and government; the relations among nations, and so on.

8. It follows from the propositions I have so far stated that inflation is always and everywhere a monetary phenomenon in the sense that it is and can be produced only by a more rapid increase in the quantity of money than in output. However, there are many different possible reasons for monetary growth, including gold discoveries, financing of government spending, and financing of private spending.

9. Government spending may or may not be inflationary. It clearly will be inflationary if it is financed by creating money, that is, by printing currency or creating bank deposits. If it is financed by taxes or by borrowing from the public, the main effect is that the government spends the funds instead of the taxpayer or instead of the lender or instead of the person who would otherwise have borrowed the funds. Fiscal policy is extremely important in determining what fraction of total national income is spent by government and who bears the burden of that expenditure. By itself, it is not important for inflation. [...]

Friedman concede que en el corto plazo influyen en la inflación factores reales, pero en el largo plazo la inflación es siempre causada por un incremenento del circulante por arriba del producto. La política fiscal es inflacionaria cuando el gasto es financiado con creación de dinero.  

En las décadas de 1970 y 1980, la inflación elevada había regresado a América Latina y con ella, nuevas políticas de estabilización auspiciadas por el FMI. En su "Letter to Another Brazilian Finance Minister" de 1993, Thomas Sargent escribió:

Persistent high inflation is always and everywhere a fiscal phenomenon, in which the central bank is a monetary accomplice. A government administering a fiat paper currency has a intertemporal budget constraint that forces its central bank and fiscal authorities to cooperate, sooner and later, somehow. Persistent inflation is caused by a coordinated monetary and fiscal regime that calls for the central bank persistently to print currency to supply the fiscal authority with revenues via an implicit “inflation tax.” A central bank cannot by itself stop an ongoing inflation against the will of a fiscal policy authority determined to run persistent budget deficits, Indeed, a central bank determined to “go it alone” and to fight inflation with tight money in the face of persistent deficits can achieve only temporary gains in the battle against inflation, and at the cost of making inflation worse in the future. This outcome results because, in the face of persistent deficits, a central bank can achieve go-it-lone tight money only by forcing the fiscal authority to issue increasing amounts of interest-bearing debt: without an enduring fiscal adjustment, the monetary authority will eventually be forced to generate more inflation and to raise the inflation tax. This arithmetic is unpleasant, but it is also true.

Sargent elaboró sobre Friedman luego de haber analizado durante años la inflación en varios países de América Latina. La inflación alta y persistente, que se manifiesta en el largo plazo, requiere la coordinación de las autoridades fiscal y monetaria: la primera incurre en déficits fiscales y la segunda colabora imprimiendo dinero para pagar los deficits. Un banco central que decide luchar contra la inflación, pero sin el compromiso permanente de ajuste fiscal, será inefectivo en el largo plazo.

Abusando un poco: si analizamos las causas por las que un gobierno aumenta el gasto público sin preocuparse por controlar el déficit y un banco central termina monetiozando el gasto, parece que el siguiente paso es sostener que la inflación alta y persistente es siempre y en todo lugar un fenómeno político. 

sábado, 19 de marzo de 2016

Reseña II: "Los grandes economistas" de Phil Thorton


En Los grandeseconomistas, Phil Thornton hace un recorrido por la vida y obra de los 10 economistas que considera los más relevantes de la historia: Adam Smith, David Ricardo, Karl Marx, Alfred Marshall, J. M. Keynes, F. A. Hayek, Milton Friedman, Paul Samuelson, Gary Becker y Daniel Kahneman. El ejercicio no profundiza demasiado, pero hace presentaciones breves y estructuradas. En este sentido, se trata de un texto de divulgación que puede funcionar muy bien para interesar e informar a lectores que no tienen una formación económica, pero que podría dejar decepcionados a algunos economistas o especialista en pensamiento económico.

Una manera más o menos obvia de reseñar Los grandes economistas es cuestionar la selección del autor. Por ejemplo, se podría criticar que se dejaron de lados a economistas con contribuciones importantes o que hay un marcado sesgo geográfico en la selección, para finalizar con una propuesta de lista alterna. Pero creo que para Thorton elegir únicamente a 10 economistas (seguramente por una restricción editorial) debió ser difícil y hasta insatisfactorio.

Pero la forma de reseñar que he elegido, que me lleva a alejarse del concepto tradicional de reseña, es tomar como base dos aspectos del pensamiento económico contemporáneo que están representados por Adam Smith y Alfred Marshall. Por un lado, Adam Smith es considerado el padre de la Economía y formuló una proposición: el intercambio es una actividad mutuamente beneficiosa para las partes. De ella se origina la posición de un número importante de economistas contemporáneos de favorecer el comercio o la división del trabajo. Por otro lado, Alfred Marshall fue la figura clave en la síntesis que dio lugar a la forma hegemónica de hacer Economía, basada en utilizar herramientas matemáticas para llegar a conclusiones: la (micro)economía neoclásica. Así, la gran contribución de Marshall fue dotar a los economistas de las bases para tener un marco teórico coherente.

Con lo anterior no quiero decir que: a) todos los economistas favorecen el intercambio y/o se identifican como neoclásicos, b) todos los que favorecen el intercambio son neoclásicos, o c) todos los neoclásicos favorecen el intercambio; sino que estos dos aspectos de la Economía son relevantes y han moldeado el pensamiento económico contemporáneo.

De esta manera, de acuerdo a esta propuesta clasificaría a los economistas de Thornton de la siguiente manera:

Economista
El intercambio es beneficioso para las partes
Modelos matemáticos (neoclásicos)
Adam Smith
Sí
No aplica
David Ricardo
Sí
No aplica
Karl Marx
No
No aplica
Alfred Marshall
Sí
Sí
J. M. Keynes
Parcialmente sí
Parcialmente sí
F. A. Hayek
Sí
No
Milton Friedman
Sí
Sí
Paul Samuelson
Parcialmente sí
Sí
Gary Becker
Sí
Sí
Daniel Kahneman
Parcialmente sí
No

En primer lugar, Smith, Ricardo y Marx fueron previos a Marshall, por lo que no conocieron la economía neoclásica y, por supuesto, no fueron capaces de elegir utilizarla o no. En cuanto a los economistas posteriores a Marshall, Friedman, Becker y -en menor medida- Samuelson se ajustan a la fórmula Smith/Marshall. En cuanto a los otros elegidos, que a mi juicio no están tan cercanos, es interesante hacer algunos comentarios.

En cuanto a Keynes, el economista más influyente del siglo pasado, lo que me lleva a considerar que se alejaba parcialmente de la proposición de Smith son sus vaivenes entre libre comercio y proteccionismo, además de una consideración particular de que intercambiar no siempre era beneficioso, pues en ciertas circunstancias podría ser mejor destinar los recursos a ahorrar en lugar de consumir. Por otro lado, los modelos matemáticos que llegó a usar estaban enfocados a los agregados económicos, por lo que  no tuvieron un diseño neoclásico. Serían economistas posteriores los que darían lugar a la síntesis neoclásica/neokeynesiana, que es (parte de) la corriente principal en la Economía contemporánea.

Hayek se consideró un continuador de la tradición clásica de Smith y fue profundamente escéptico del uso de modelos matemáticos, pues consideraba que eran herramientas limitadas para entender toda la complejidad de los fenómenos económicos. Mayoritariamente, a Hayek se le considera un exponente crucial de la escuela austriaca de Economía, que tiene profundas diferencias metodológicas -y también de conclusiones- con la microeconomía neoclásica. Ello no implica que no tenga influencia en algunos economistas actuales, pero creo que domina la divergencia en el método.

Kahneman como figura de la Economía del comportamiento (behavioral economics), al no considerar al ser humano perfectamente racional, renuncia a modelar agentes económicos maximizadores y, por ende, cuestiona el núcleo de la microeconomía neoclásica. Además, en mi opinión el énfasis en la existencia de sesgos cognitivos que afectan la toma de decisiones, facilita la conclusión de que el intercambio lleva a resultados que no son beneficiosos para las partes, lo que implica un alejamiento parcial con la proposición de Smith.

En conclusión, la selección de Thornom es poco controvertible si se considera que mantiene continuidad con los dos aspectos que se propusieron sobre el pensamiento económico contemporáneo. Para finalizar, las implicaciones de la influencia de Kahneman -el único exponente vivo elegido por Thorton- me parecen sumamente interesantes. ¿Su visión crítica, en caso de ser cada vez más influyente, derivará en abandonar la microeconomía neoclásica? Me parece que la Economía del comportamiento no es tanto una amenaza de sustitución como una posibilidad de integración. Finalmente, ello, como lo mencioné en un post pasado sobre Douglass North, no es la primera vez que ocurriría.

domingo, 18 de mayo de 2014

Reseña I: “La gran búsqueda” de Sylvia Nasar


Mi primera impresión al leer La gran búsqueda. La historia de los genioseconómicos que cambiaron el mundo de Sylvia Nasar –autora de Una mente brillante, la biografía de John Nash- fue que estaba ante un texto similar a otras obras de divulgación como el clásico Cazadores de microbios de Paul de Kruif o los libros sobre la historiade México de Enrique Krauze. Es decir, al estilo de dichos autores en sus ámbitos, Nasar hace una crónica del pensamiento económico a través de las biografías de las personas que lo construyeron y transformaron, sin dudar en establecer vínculos entre sus vidas privadas y sus proyectos intelectuales.

Para enganchar a un público amplio, la estrategia de trazar gestas militares o científicas a partir de retratos biográficos parece efectiva: como los biólogos de de Kruif o los próceres de Krauze, los economistas retratados por Nasar no son distantes nombres en libros de textos o estatuas de bronce, sino seres humanos –eso sí, excepcionales– empeñados en la gran búsqueda de ideas útiles que impulsen a la Humanidad a la libertad y la prosperidad.

Marx, Engels, Webb, Marshall, Fischer, Keynes, Robinson, Schumpeter, Hayek, Samuelson, Friedman, Sen y otros aparecen con mayor o menor prominencia en el texto. La autora hace un recorrido a través de los encuentros y desencuentros entre escuelas de pensamiento económico y, necesariamente, entre liberalismo y socialismo, para llegar a la conclusión de que el mejor arreglo es uno que incluya libre mercado, Estado de Bienestar y políticas macroeconómicas keynesianas. La premisa/apuesta/conclusión de Nasar es segura y útil. Es segura porque, efectivamente, la mayoría de economistas coincidiría en una combinación de lo anterior. Es útil porque permite delimitar el alcance del libro y construir una línea argumental. Si bien esta decisión útil tiene sus claras ventajas, considero necesario hacer algunas anotaciones.

En primer lugar, Nasar tiende a sobreestimar contribuciones para fortalecer su narrativa. Por ejemplo, puesto que la autora sugiere que el Estado de Bienestar es uno de los grandes legados de los economistas a la Humanidad, el guion requiere de una personalidad que lo haya desarrollado teóricamente y promovido. La figura elegida es Beatrice Webb. Esta elección es problemática si se toma en cuenta que la señora Webb difícilmente ha sido una figura influyente en la disciplina ya que no generó un cuerpo de ideas que haya cohesionado o integrado a un grupo aunque sea minoritario de economistas en una escuela de pensamiento, como sí lo hicieron Joan Robinson o Friedrich Hayek. Además, se afirma que los trabajos de Webb y colaboradores, especialmente el Minority Report publicado en 1909, contribuyeron decididamente en el establecimiento del Estado de Bienestar en Reino Unido y el resto de Europa. Se puede argumentar que lo anterior es un anacronismo, puesto que el inicio del Estado de Bienestar europeo se puede datar a finales del Siglo XIX en la Alemania gobernada por Otto von Bismarck, mientras que en el Reino Unido las reformas en este sentido se debieron al Reporte Beveridge de 1942. En todo caso, la autora debió reconocer que su objetivo era rehabilitar o recuperar la figura de Beatrice Webb.

En segundo lugar, Nasar tiende a subestimar disensos. Milton Friedman tiene asignado un papel secundario o de reparto en la historia, lo que podría justificarse en la necesidad de acotar el volumen del texto. Finalmente, la autora ya relató el enfrentamiento intelectual entre Keynes y Hayek. Sin embargo, el problema es que parece que el retrato incompleto de Friedman está más al servicio de una narrativa del consenso que de señalar con claridad la evolución de las ideas del personaje a lo largo de su vida. Es cierto que una etapa de la carrera de Friedman fue muy influenciada por Keynes, pero pareciera que a la autora le resulta incómodo profundizar en las ideas posteriores de Friedman más críticas sobre el uso de la política fiscal para manejar la demanda agregada y, en general, la efectividad de las acciones gubernamentales.

En conclusión, Sylvia Nasar ha escrito un libro de relativa fácil lectura para los no economistas cuyas referencias literarias, históricas y biográficas lo amenizan. En lo personal, le agradezco el optimismo que muestra con el futuro de la Economía y la capacidad de los economistas para contribuir al progreso humano, pero me queda la sensación de que el tono decididamente militantes que adoptó le llevó a olvidar que en la ciencia no hay victorias completas. Creo que eso es algo que los economistas deberíamos tener siempre presente.