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jueves, 29 de diciembre de 2016

Alvin Roth y el rediseño del intercambio de riñones

Aquí un reciente video de la National Academy of Sciences de los Estados Unidos sobre el trabajo del Alvin Roth, ganador del Premio Nobel de Economía de 2012, sobre el mercado de riñones (en inglés):


El problema es que hay escasez de riñones disponibles respecto a los pacientes que requieren un trasplante, lo que se traduce en baja calidad de vida y muertes prematuras. El tono del video es de simpatía y personalmente soy entusiasta del tipo soluciones que propone Roth. Sin embargo, es difícil o imposible mantenerse indiferente cuando en la misma frase se usan las palabras mercado y riñón (o cualquier órgano humano). Por ejemplo, me enteré del video por este post de la revista The Atlantic. Si se leen los comentarios, se notará que a pesar del video y de que el texto que lo acompaña es positivo, algunos lectores manifestaron sus reservas o rechazo absoluto a la idea de un intercambio riñones. Se trata, pues, de una transacción que por cuestiones morales o éticas resulta repugnante para la mayoría de las personas.

Reflejando estas preocupaciones, el filósofo Michael J. Sandel, autor de What Money Can’t Buy: The Moral Limits of Markets (2012), ha meditado sobre si todo debería ser intercambiado por dinero. En general, Sandel no se opone a los mercados, sino a la compra y venta de determinados bienes y servicios.

Roth y sus colegas diseñadores de mercados no han ignorado esta repugnancia. Hace algunos años Roth escribió el artículo Repugnance as a Constraint on Markets (pdf, 2007), en el cual nos dice, entre otras cosas, que la repugnancia no es universal, sino que varía de acuerdo al tiempo y el lugar, pero tiene el poder de moldear las transacciones humanas. Tanto así que como manifestación de ella, en el mercado de riñones al que se refiere el video no se permite el uso de dinero. 

Por su parte, Gary Becker (1930-2014) fue promotor de usar dinero en el intercambio de órganos como una forma más eficiente de alcanzar resultados deseables (por cierto, en los comentarios del post de The Atlantic un lector señala que la libre compra-venta de riñones funcionaría mejor). Seguro que Roth coincidiría con Becker en los beneficios del mecanismos de precios, pero replicaría que ello no hace que la repugnancia desaparezca. Quizá Roth y Becker no hubieran diferido en adoptar una perspectiva consecuencialista para balancear los costos de la repugnacia con los beneficios del intercambio monetario, pero no me imagino a Sandel aprobando tal discusión.

En este sentido, el trabajo de Roth permite obtener algunos de los beneficios del mercado, pero sin los inconvenientes de la repugnancia asociada al uso del dinero en ciertas transacciones. Así, su solución es -al menos- factible. Aquí y hoy.

sábado, 19 de marzo de 2016

Reseña II: "Los grandes economistas" de Phil Thorton


En Los grandeseconomistas, Phil Thornton hace un recorrido por la vida y obra de los 10 economistas que considera los más relevantes de la historia: Adam Smith, David Ricardo, Karl Marx, Alfred Marshall, J. M. Keynes, F. A. Hayek, Milton Friedman, Paul Samuelson, Gary Becker y Daniel Kahneman. El ejercicio no profundiza demasiado, pero hace presentaciones breves y estructuradas. En este sentido, se trata de un texto de divulgación que puede funcionar muy bien para interesar e informar a lectores que no tienen una formación económica, pero que podría dejar decepcionados a algunos economistas o especialista en pensamiento económico.

Una manera más o menos obvia de reseñar Los grandes economistas es cuestionar la selección del autor. Por ejemplo, se podría criticar que se dejaron de lados a economistas con contribuciones importantes o que hay un marcado sesgo geográfico en la selección, para finalizar con una propuesta de lista alterna. Pero creo que para Thorton elegir únicamente a 10 economistas (seguramente por una restricción editorial) debió ser difícil y hasta insatisfactorio.

Pero la forma de reseñar que he elegido, que me lleva a alejarse del concepto tradicional de reseña, es tomar como base dos aspectos del pensamiento económico contemporáneo que están representados por Adam Smith y Alfred Marshall. Por un lado, Adam Smith es considerado el padre de la Economía y formuló una proposición: el intercambio es una actividad mutuamente beneficiosa para las partes. De ella se origina la posición de un número importante de economistas contemporáneos de favorecer el comercio o la división del trabajo. Por otro lado, Alfred Marshall fue la figura clave en la síntesis que dio lugar a la forma hegemónica de hacer Economía, basada en utilizar herramientas matemáticas para llegar a conclusiones: la (micro)economía neoclásica. Así, la gran contribución de Marshall fue dotar a los economistas de las bases para tener un marco teórico coherente.

Con lo anterior no quiero decir que: a) todos los economistas favorecen el intercambio y/o se identifican como neoclásicos, b) todos los que favorecen el intercambio son neoclásicos, o c) todos los neoclásicos favorecen el intercambio; sino que estos dos aspectos de la Economía son relevantes y han moldeado el pensamiento económico contemporáneo.

De esta manera, de acuerdo a esta propuesta clasificaría a los economistas de Thornton de la siguiente manera:

Economista
El intercambio es beneficioso para las partes
Modelos matemáticos (neoclásicos)
Adam Smith
Sí
No aplica
David Ricardo
Sí
No aplica
Karl Marx
No
No aplica
Alfred Marshall
Sí
Sí
J. M. Keynes
Parcialmente sí
Parcialmente sí
F. A. Hayek
Sí
No
Milton Friedman
Sí
Sí
Paul Samuelson
Parcialmente sí
Sí
Gary Becker
Sí
Sí
Daniel Kahneman
Parcialmente sí
No

En primer lugar, Smith, Ricardo y Marx fueron previos a Marshall, por lo que no conocieron la economía neoclásica y, por supuesto, no fueron capaces de elegir utilizarla o no. En cuanto a los economistas posteriores a Marshall, Friedman, Becker y -en menor medida- Samuelson se ajustan a la fórmula Smith/Marshall. En cuanto a los otros elegidos, que a mi juicio no están tan cercanos, es interesante hacer algunos comentarios.

En cuanto a Keynes, el economista más influyente del siglo pasado, lo que me lleva a considerar que se alejaba parcialmente de la proposición de Smith son sus vaivenes entre libre comercio y proteccionismo, además de una consideración particular de que intercambiar no siempre era beneficioso, pues en ciertas circunstancias podría ser mejor destinar los recursos a ahorrar en lugar de consumir. Por otro lado, los modelos matemáticos que llegó a usar estaban enfocados a los agregados económicos, por lo que  no tuvieron un diseño neoclásico. Serían economistas posteriores los que darían lugar a la síntesis neoclásica/neokeynesiana, que es (parte de) la corriente principal en la Economía contemporánea.

Hayek se consideró un continuador de la tradición clásica de Smith y fue profundamente escéptico del uso de modelos matemáticos, pues consideraba que eran herramientas limitadas para entender toda la complejidad de los fenómenos económicos. Mayoritariamente, a Hayek se le considera un exponente crucial de la escuela austriaca de Economía, que tiene profundas diferencias metodológicas -y también de conclusiones- con la microeconomía neoclásica. Ello no implica que no tenga influencia en algunos economistas actuales, pero creo que domina la divergencia en el método.

Kahneman como figura de la Economía del comportamiento (behavioral economics), al no considerar al ser humano perfectamente racional, renuncia a modelar agentes económicos maximizadores y, por ende, cuestiona el núcleo de la microeconomía neoclásica. Además, en mi opinión el énfasis en la existencia de sesgos cognitivos que afectan la toma de decisiones, facilita la conclusión de que el intercambio lleva a resultados que no son beneficiosos para las partes, lo que implica un alejamiento parcial con la proposición de Smith.

En conclusión, la selección de Thornom es poco controvertible si se considera que mantiene continuidad con los dos aspectos que se propusieron sobre el pensamiento económico contemporáneo. Para finalizar, las implicaciones de la influencia de Kahneman -el único exponente vivo elegido por Thorton- me parecen sumamente interesantes. ¿Su visión crítica, en caso de ser cada vez más influyente, derivará en abandonar la microeconomía neoclásica? Me parece que la Economía del comportamiento no es tanto una amenaza de sustitución como una posibilidad de integración. Finalmente, ello, como lo mencioné en un post pasado sobre Douglass North, no es la primera vez que ocurriría.

sábado, 10 de mayo de 2014

Sobre la influencia de Gary Becker en la Sociología


En los numerosos obituarios y notas periodísticas que dan cuenta del fallecimiento de Gary Becker (1930-2014), premio Nobel de Economía 1992, se enfatiza su incuestionable importancia para extender la aplicación del análisis económico a temas que –al inicio de su carrera– tradicionalmente no analizaban los economistas, como familia, decisiones reproductivas, discriminación racial, criminalidad, adicciones, etc. Además, se sugiere que Becker también influyó en otras ciencias sociales como sociología, demografía, criminología y derecho.

¿Será cierto? ¿No se trata de la visión sesgada de algunos economistas? Sin duda el trabajo de Becker ha inspirado a numerosos economistas para que investiguen  nuevos temas, pero no me parece obvia su influencia para que especialistas de otras disciplinas –por ejemplo, sociólogos– decidieran investigar sus temas tradicionales utilizando como base  la microeconomía neoclásica. En otras palabras: es cierto que los economistas continuarán citando a Becker, ¿pero harán lo mismo lo sociólogos?

En el paper The Impact of Economics on Contemporary Sociology (JEP, 1994) (.pdf) los sociólogos James N. Baron y Michael T. Hannan evalúan la influencia del análisis económico y sus diversos exponentes en las investigaciones sociológicas publicadas en inglés y, al parecer, exclusivamente en los Estados Unidos. Los autores encuentran que de 1970 a 1980 el número de citas de sociólogos a economistas se incrementó, mientras que de 1980 a 1992 se mantuvo prácticamente constante. De acuerdo al conteo de citas, en 1980 Becker fue el segundo economista más citado en los dos journals más importantes de Sociología, después de David Gordon y antes que Jacob Mincer, lo que fue producto de un mayor interés de los sociólogos por la teoría económica del capital humano, pero con énfasis en críticas neo-marxistas e institucionalistas. Para 1990-1992 Becker fue el economista más citado por arriba de Oliver Williamson y James Heckman con un aparente desplazamiento de autores neo-marxistas.

En 1994 Baron y Hannan señalaron que, a diferencia de los politólogos, los sociólogos no prestaban significativamente atención a la Economía y, cuando lo hacían, fue debido a que los economistas estaban trabajando en “problemas sustantivos de interés central para la Sociología”. Relativo a la teoría del capital humano, que probablemente ya influía más que cualquier otra rama de la Economía, los autores afirman que si bien los sociólogos ya habían adoptado el lenguaje del capital humano ignoraban la estructura e implicaciones de la teoría. Textualmente afirman: Much of Becker’s theoretical insight was lost in translation.

Y 20 años después las cosas quizá no han cambiado mucho. A principios de 2014, el sociólogo Philip N. Cohen notó que los dos trabajos de economistas más citados por los sociólogos son de Heckman y Becker. Pero Cohen no está muy impresionado y hace ver que las citas a A Treatise on the Family de Becker solo tienen lugar en las revisiones de la literatura: “In the 10 most recent citations to Treatise in top-three sociology journals, the book is always mentioned only once”. Cohen presenta una gráfica:
 

Se puede afirmar que Becker y otros economistas son conocidos entre los sociólogos angloparlantes, pero no hay evidencia de una influencia que sugiera algo cercano al imperialismo económico en la Sociología. En todo caso, sin muchas pruebas, me atrevería a pensar en un escenario en el cual citar economistas tienen sentido: sociólogos tratan de resistir la influencia sobre su disciplina contrastando la visión “economicista” con otras en las cuales se tomen en cuenta los “contextos sociales e históricos”. ¿Los economistas no haríamos algo parecido?

Una última pregunta: ¿existe alguna influencia, aunque sea menor o superficial, de Becker en la Sociología mexicana o latinoamericana?

sábado, 29 de junio de 2013

Análisis económico del apartheid



Nelson Mandela, una de las figuras más sobresalientes del Siglo XX, se encuentra en una condición muy delicada de salud. Creo que para entender mejor su legado, sería útil conocer explicaciones del surgimiento y caída del apartheid, el sistema contra el que él y otros lucharon, desde diversas perspectivas. Debo aclarar que no soy ni pretendo ser un experto en el tema, sino que simplemente ofrezco una interpretación económica, con lo estimulante o reduccionista que les pueda parecer a unos u otros.

Si bien hubo antecedentes, el apartheid fue un sistema legal de segregación racial aplicado formalmente de 1948 a 1994 por el Partido Nacional de Sudáfrica que por diseño buscaba extraer rentas e impedir que el pastel económico creciera para todos (ver un post previo sobre unas ideas de Greg Mankiw sobre la ineficiencia económica de los sistemas extractores de renta). William Hutt (pdf) se sirvió de la teoría económica de los grupos no competidores (non-competing groups) para explicar el surgimiento del apartheid: gracias a que por el uso de la fuerza se impide la competencia, los integrantes del grupo dominante son capaces de alcanzar un monopolio relativo de sus servicios y, de esta manera, incrementar tanto sus salarios promedio como la brecha salarial con respecto a los excluidos.

Tener una idea de la composición racial de Sudáfrica es fundamental. La población se dividía en cuatro grupos principales: los negros o africanos, los blancos, los indios (originarios de la India y Pakistán) y los mulatos o coloureds (surgidos de la mezcla entre los blancos y los indígenas nativos ahora extintos).  Además, los dos grupos más numerosos estaban subdivididos. Por un lado, los africanos se encontraban fragmentados en tribus, como los xhosas – a la que pertenece Mandela – y los zulúes. Por el otro, la población blanca estaba compuesta principalmente por dos grupos lingüísticos y culturales: los ingleses, cuya lengua nativa es el inglés y que descienden de los inmigrantes británicos de principios del Siglo XIX; y los bóeres o afrikáneres, cuya lengua es el afrikáans y provienen de inmigrantes de los Países Bajos del Siglo XVII. Si para algunos estas diferencias culturales explicaban las tensiones que había entre grupos, otros aspectos económicos y políticos contribuyeron a mayor polarización.

Si bien los ingleses y los bóeres compartían el color de la piel, tenían otras características que los hacían diferentes más allá de rivalidades previas. Los ingleses, la minoría blanca, eran relativamente mejor educados y con ingresos mayores que los bóeres, la mayoría blanca. Al mismo tiempo, si bien los bóeres y los negros diferirían notablemente en el color de la piel, no eran tan diferentes en sus niveles educativos y en sus aspiraciones laborales. Por ejemplo, a inicios del siglo XX los bóeres y los africanos competían por puestos de trabajo en el sector de la minería, mientras que a las empresas no les molestaba obtener mano de obra barata.

Aunque los bóeres eran mucho menos que los africanos, tenían una ventaja: estaban mejor representados políticamente, lo que les permitió crear un sistema legal que segregó a la población del país y obtener rentas económicas extraordinarias. En 1948 el Partido Nacional llegó al poder, apoyado por los trabajadores bóeres, e impulsó legislaciones que aumentaron los obstáculos para que los negros accedieran a los puestos de trabajo, además de que los sindicatos de trabajadores blancos – con el respaldo del poder público – incrementaron su capacidad de negociación. Al mismo tiempo, los trabajadores negros se vieron en la práctica impedidos para formar sindicatos fuertes. En este contexto, sucesivas reformas legislativas permitieron reservar empleos a trabajadores blancos, así como dividir salarios por sectores, lo que dificultaba la sustitución de trabajadores bóeres por fuerza de trabajo africana. Incluso, los sindicatos blancos lograron crear clasificaciones por grado de competencia laboral para cada ocupación en varias industrias, de tal manera que se ranqueaban las ocupaciones de mayor a menor nivel, asignando los empleos menor calificados y peor pagados a los no blancos. Puesto que la segregación del apartheid también se extendió a las escuelas, los trabajadores blancos siempre fueron considerados “más calificados”, lo que les aseguró los puestos mejor remunerados.

Frecuentemente se afirma que el fin del apartheid se debió a la presión internacional de los países occidentales contra el gobierno sudafricano. Pero si se tiene en cuenta que la segregación es costosa e ineficiente, se podría pensar que en el largo plazo el sistema era también inestable. En este sentido, Martine Marriotti presenta evidencia de que la caída del apartheid se explica por factores económicos internos. Paradójicamente, haber conseguido el objetivo de aumentar las brechas salariales y educativas contribuyó a acabar con este sistema y a que el país transitara hacia la democracia en 1994. Puesto que apartheid permitió que los bóeres incrementaron a su favor las brechas salarial y educativas, la competencia laboral entre blancos y negros perdió importancia. Además, la persistente segregación en contra de la población negra significó que su productividad permaneciera baja, lo que en el largo plazo obstaculizó el crecimiento de la economía e impidió que el bienestar de los blancos aumentara más.

Hutt admite la posibilidad de que a medida que la rentabilidad por discriminar para un grupo disminuye, las actitudes de sus integrantes cambian. Por su parte, Marriotti considera que las preferencias de los blancos por discriminar no necesariamente cambiaron, sino que fueron superadas por sus preferencias por ingresos mayores. Como sea, en las décadas de 1960 y 1970 las restricciones laborales paulatinamente se relajaron, aunque la situación política fue más resistente. Y allí, en el desacoplamiento entre las condiciones económicas que empezaron a cambiar y las políticas que no lo hacían u obstaculizaban el cambio, es donde personajes como Mandela, F. W. De Klerk o Desmond Tutu fueron fundamentales.

Después de 20 años de la caída del apartheid, no cabe duda que algunos de sus aspectos siguen afectando en mayor o menor medida a la economía sudafricana de la actualidad. Por un lado, según algunos estudios, la mayor inclusión aceleró en los años inmediatamente posteriores el crecimiento económico del país. Sin embargo, este mayor crecimiento ha sido insuficiente para satisfacer las expectativas generadas y las necesidades de empleo y bienestar para toda la población sudafricana. Quizá con la intención de borrar el legado de discriminación del apartheid, los gobiernos del Congreso Nacional Africano - que ha apoyado las presidencias de Nelson Mandela y sus sucesores – optaron por aplicar regulaciones y acciones afirmativas excesivas en el mercado laboral, lo que estaría afectando la capacidad de la economía para genertar empleos. Además, la mayor inseguridad y el temor a recibir represalias de índole racial provocaron que numerosos blancos bien educados abandonaran el país, lo que disminuyó la productividad de la economía, por lo que se han iniciado políticas para incentivar la repatriación (pdf).