Mostrando entradas con la etiqueta Rudigër Dornbusch. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rudigër Dornbusch. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de julio de 2016

Populismo (económico)


Dos conceptos que me parecen interesantes, por difusos y controvertidos, son “populismo” y “neoliberalismo”. En la discusión política ambos son usados con ardor, oportunismo y –si la situación lo amerita– como insulto; mientras que en la academia los intentos de dotarlos de definiciones precisas no han carecido de objeciones y sesgos.

La reciente divergencia entre los presidentes de México y Estados Unidos sobre el significado del concepto “populismo” (aquí un video editado) ilustra lo anterior.

Enrique Peña Nieto, quien habló en español, le dio una connotación negativa que, en mi opinión, es acorde al uso mayoritario en América Latina. Por su parte, Barack Obama, en inglés, hizo una defensa del mismo y se definió como un populista. Algunos entendidos han señalado que en la jerga política estadunidense la palabra populism no necesariamente implica desprestigio o tiene una connotación negativa. En todo caso, se trata de un viejo movimiento político de izquierda que mantendría alguna vigencia. 

A veces peco de optimista y creo que he sorteado un poco la confusión gracias a mi primera aproximación formal al concepto: el libro La Macroeconomía del Populismo en la América Latina, compilado por Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards (FCE, 1992). En el ensayo introductorio (originalmente escrito en inglés, pdf), Dornbusch y Edwards presentan la siguiente definición de “populismo económico”:
[E]s un enfoque de la economía [economics] que destaca el crecimiento y la redistribución del ingreso y menosprecia los riesgos de la inflación y el financiamiento deficitario, las restricciones externas y la reacción de los agentes económicos ante las políticas agresivas ajenas al mercado. El propósito de la descripción de este paradigma no es una afirmación moralista de la economía conservadora, sino una advertencia de que las políticas populistas fracasan en última instancia, y su fracaso tiene siempre un costo terrible para los mismos grupos que supuestamente se quiere favorecer.
Esta definición ha moldeado mi entendimiento y actitud hacia el populismo, incluso a tal grado que he llegado a prescindir –quizá indebidamente– del adjetivo “económico”. Así, entiendo como populismo (económico) un programa de gobierno que para cumplir una promesa de justicia social menosprecia restricciones macroeconómicas y lleva a cabo políticas cuyos beneficios de corto plazo serían superados por costos de largo plazo. En general, creo que es una buena definición para las preocupaciones usuales de los economistas y que puede funcionar para iniciar discusiones constructivas.

La segunda parte es curiosa, en tanto que afirma que el destino es el fracaso. ¿El populismo económico es inherentemente insostenible?


Finalmente, pienso que bien haríamos en diferenciar populismo de demagogia. Entiendo a lo segundo como mera retórica, hasta falsas promesas, mientras que lo primero es retórica más un conjunto de políticas encaminadas a cumplir lo prometido. 

martes, 5 de abril de 2016

Rüdiger Dornbusch sobre Mario Vargas Llosa y otros


Parece un tema improbable. El 80 aniversario de Mario Vargas Llosa es el pretexto para retomar una entrevista (pdf) de 1990 que me sirvió de insumo para una entrada antigua sobre Rudi Dornbusch. En dicha entrevista el economista se refiere a líderes latinoamericanos de ese entonces. En concreto, creía que América Latina enfrentaba la elección entre los modelos de Carlos Salinas de Gortari, Vargas Llosa y Alan García.

El modelo de Alan García era básicamente el "populismo económico" y es descartado:
La estrategia de Alan García creo que es claro que está en la bancarrota. Si no se puede financiar más que imprimiendo dinero no se va a llegar lejos. 
En cuanto al de Vargas Llosa, al que Dornbusch no le asigna una denominación (¿quizá "neoliberalismo" o "fundamentalismo de mercado"?):
El modelo de Vargas Llosa consiste en la promesa de que el mercado resolverá todos los problemas. Cada país industrializado sabe que eso no es verdad. Creo que esto es muy riesgoso, pues si se va en esa dirección se tiene una violenta redistribución que no es políticamente sostenible.
En otra parte abunda:
Hay un terrible peligro de que Vargas Llosa cree un sueño de carácter extremo basado en el libre mercado en el Perú. Existe un gran riesgo de que la gente invente una visión del Estado que sea absolutamente negativa, de que el Estado sea hecho a un lado porque ha tenido una mala reputación. Veo como un gran riesgo el que la América Latina es mucho como un péndulo. Y no se detiene a la mitad del camino.
Sobre el modelo de Salinas de Gortari, al que tampoco Dornbusch le pone una etiqueta en la entrevista (¿"neoliberalismo" o "liberalismo social"?):
El tercer modelo es el de México, donde se comienza con realismo diciendo que hay que moverse pero en una carrera de larga distancia, y eso significa que se debe tener apoyo político para la reforma, que hay que contener la redistribución, que hay que trabajar realmente duro en impuestos para obtener el dinero que se requiere. Se tiene que crear un consenso, abrir las ventanas y arrojar las viejas estructuras, pero siendo cuidadosos de no tirar todo al aire porque no sabríamos cómo armar las piezas nuevamente cuando caigan.
Dornbusch tenía clara la opción adecuada:
La elección real es entre Vargas Llosa y Salinas. Si yo tuviera que viajar en un avión no tengo duda que me gustaría que Salinas fuera el piloto y no Vargas Llosa, porque Vargas Llosa diría en el momento crítico: "tomemos los paracaídas y saltemos, pero no le digas a los demás". Ha vivido en España la mayor parte del tiempo.
Como puede verse, Dornbusch se decantó por el modelo que a su juicio balanceaba el mercado y el estado; el que a la vez era prudente y factible política y fiscalmente. Una tercera vía, como siempre, con puras cosas buenas. La entrevista fue en México pero algunos pensarían que el nombre de Carlos Salinas bien podría ser sustituido por el del entonces casi desconocido Alberto Fujimori. Quizá ello habla mucho de lo que Perú experimentaba en 1990.

miércoles, 29 de mayo de 2013

La economía oportunista de Rüdiger Dornbusch


El primero de marzo de 1990, Rodolfo de la Torre le hizo una muy interesante entrevista a Rüdiger Dornbush (1942-2002), que se publicó en el Trimestre Económico con el título Conversación con Rüdiger Dornbusch: Un economista pragmático. Una pregunta sobre el estructuralismo le permitió a Dornbusch explicar su visión sobre la “economía oportunista” (énfasis propio):
Lo que a mí me gusta es la economía oportunista. Robe lo mejor de Robert Barro; robe lo mejor de [Dudley] Seers o de Anibal Pinto, o de Raúl Prebisch o de quién sea su estructuralista favorito y llegará más lejos. Es como los japoneses en la manufactura. Toman lo mejor de todo el mundo. Eso es lo que debemos hacer en economía. No debemos ser ideológicos respecto al tipo de economía que usamos. Usemos lo mejor. Usemos un enfoque razonable. Tiene que ser verdad que hay algo de sentido en el cuerpo de ideas que la gente inteligente usa. Es imposible que la gente inteligente sólo use ideas locas. Algo de ello tiene que ser interesante.
Posteriormente afirma:
En ese sentido el enfoque económico en los Estados Unidos es sano porque es muy oportunista. Toma lo mejor de cada uno y no se queda atrapado discutiendo preguntas como ¿es keynesiano o no? Yo no sé si soy keynesiano. Despende del contexto (risa), esa es la pregunta.
Dornbusch también opina sobre la escuela de Chicago, el estructuralismo, el poskeynesianismo y el populismo económico; así como de algunos líderes de la época – recordemos que la entrevista se realizó en 1990 – como Carlos Salinas de Gortari, Mario Vargas Llosa o Andrés García. Por ejemplo, sobre Salinas dijo:
Yo creo que el presidente de México, Carlos Salinas, es estructuralista pero no se puede permitir decirlo.
Confieso que me sorprende que el co-autor de mi primer libro de macroeconomía y de la Macroeconomía de una economía abierta tuviera tanto interés en la economía estructuralista.